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APRENDEMOS MÁS CUANDO ESTAMOS FELICES

En este artículo la autora reflexiona sobre la importancia del nivel afectivo en el aprendizaje, sobre todo porque el aprender es un proceso que nos acompaña a lo largo de nuestras vidas y porque para quienes tenemos hijos es una preocupación y tema constante durante su desarrollo, por lo menos durante todo el tiempo que permanecen bajo nuestra tutela.
En estos tiempos, la escuela-debemos reconocerlo- es una solución de facilidad para los padres en el sentido de que se constituye, no solo en el lugar privilegiado y formal donde se va aprender sino, también, en un espacio seguro y de sociabilización, sobre todo en estos tiempos en que papá y mamá trabajamos, el tamaño de la familia es pequeño y las relaciones familiares cada vez son más nucleares.
Bajo este panorama, resulta imprescindible mirar hacia nuestra propia experiencia de cada aprendizaje considerando los procesos cotidianos que se dan en casa. No olvidemos que desde que nacemos estamos constantemente adquiriendo conocimientos que van desde los movimientos y gestos mas simples que nos ayudan a comunicarnos mejor hasta formas cada ves mas elaboradas que involucran procesos cognitivos superiores.
Cuando pequeños, el juego es la forma privilegiada de aprender, no tenemos obligaciones salvo las que nos dictan nuestras necesidades: dormir, comer y la higiene primaria. De ahí el resto de nuestro tiempo se invierte en jugar y cada experiencia de juego resulta más agradable el aprendizaje- obviamente no consciente por la edad. En general, esto sucede para todas nuestras acciones, seamos niños o adultos y entonces si nuestras primeras experiencias de aprendizaje, son experiencias dinámicas donde al sentirse a gusto es vital para dar continuidad a las acciones que se aprende, ¿Por qué trascurrimos unos años deberíamos pensar que debe ser diferente? ¿Por qué disociar la satisfacción, el sentirse a gusto y el estar contentos del aspecto formal del aprendizaje, siendo mas bien que bien que unos y otros son parte del desarrollo cognitivo?.
Desde mi experiencia como docente, he reflexionado muchas veces sobre este tema y sobre cuales son las condiciones que la escuela debe proveer al alumno para que este se sienta feliz a lo largo de los años que debe estudiar y considero que deben confluir varios aspectos vinculados al propio proceso para que esto resulte así.
En ese sentido, la escuela debe proporcionar un ambiente agradable, no solo en lo que a infraestructura y espacio se refiere si no también principalmente a las relaciones entre los protagonistas: alumnos y profesores. Esto significa que debe existir respeto mutuo entre las opiniones y formas de mirar, no hay que olvidar que el alumno aunque se encuentre en pleno proceso de aprendizaje, por mas pequeño que sea, viene con una experiencia previa que hay que tomar en cuenta y explotarla al máximo como recurso para su propio aprendizaje; así el niño disfruta del proceso pues no le es ajeno.
Desde esta perspectiva, se plantea que el niño no solo debe participar sino que debe sentir su opinión y aportes son valorados. Pienso que es necesario que el niño vea plasmado su esfuerzo en productos concretos, que tenga la oportunidad de hacer, de participar activamente en su aprendizaje. En mi condición de docente. He visto como los alumnos, desde los más pequeños hasta los más grandes, disfrutan de situaciones creativas donde ellos mismos elaboran definiciones y acertadas conclusiones sobre los distintos aspectos del conocimiento que los cursos de la currícula escolar demanda; en vez que copiar definiciones elaboradas por especialistas o contenidas en enciclopedias, libros de texto y/o algunas paginas de Internet. Estas fuentes, desde mi punto de vista, deben ser utilizadas como insumo para plantear el debate en el aula, para que el profesor desarrolle alguna formula que involucre la experiencia directa del alumno con dicho tema, que ejercite con su propio cuerpo movimientos que aporten al tema en cuestión porque tal como ha sido desarrollado por Le Boulch, desde su propuesta pedagógica el juego en los niños tiene como referente el movimiento corporal que, adecuadamente orientado, favorece el desarrollo biopsicosociomotriz, unidad del ser humano. Finalmente, el niño arribara a sus propias conclusiones y las expresara, lo que implica el uso de diferentes procesos cognitivos que en su ejercicio constante contribuyen al óptimo desarrollo intelectual.
Por otro laso, esta propuesta de adquisición de conocimientos involucra indefectiblemente al grupo, hablamos de un aprendizaje social que demande al conjunto a trabajar en equipo porque al deliberar entre ellos el grupo aporta ideas y genera una dinámica enriquecedora para el individuo, que se ve obligado aportar constantemente en el debate, logrando- a su vez- enriquecer del aprendizaje del conjunto y de cada uno. Bien decía Vigotsky que el funcionamiento cognitivo tiene orígenes sociales y este incrementa hasta su más alto nivel logrando desarrollos cognitivos máximos cuando se obtiene la ayuda y colaboración del grupo.
Asimismo, no podemos dejar de considerar los requerimientos del mundo laboral para donde también buscamos que nuestros hijos estén preparados, porque en el futuro- aunque parezca muy lejano- habrán de incorporarse y satisfacer sus demandas ligadas al trabajo en equipo, que implica un aprendizaje previo que haya enseñado a ser tolerantes, a persuadir, a intercambiar ideas para llegar a acuerdos y superar conflictos; no por moda sino porque los rendimientos se maximizan. No en vano frecuentemente hacemos uso de la frase “dos cabezas piensan mejor que una”; por algo se dice de los refranes que son producto de la sabiduría popular.
Imaginemos un día cualquiera en la escuela, nuestro hijo aprendiendo a escribir. Ha jugado en el patio haciendo burbujas de jabón y disfrutando de una actividad corporal que a la vez plantea una situación vivencial precisa para iniciarlo en la lectura y escritura. Con sus compañeros comentan, se diagraman realizando la actividad y elaboran oraciones con significado para ellos: “Yo juego con burbujas”, “¿Con burbujas juego yo?”. Cambian la ubicación de las palabras y les dan diferentes entonaciones. Luego, analizan la palabra significativa de esta actividad: burbujas hasta que descubren el fonema /b/ y finalmente la familia silábica correspondiente. Así, van conociendo palabras y silabas hasta llegar a leer y escribir y –lo mas importante- aprenden felices.


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