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LA PESADILLA DE IR AL BAÑO

Dejar los pañales introduce a los niños a un nuevo mundo donde, por primera vez, tienen control. Pero hay que estar atentos, ya que con la retención ellos pueden demostrar miedo o ansiedad. De pequeños vivimos en un ambiente incontrolable, en el que todas las decisiones son tomadas por los grandes. Imagínate el placer de descubrir que, por primera vez, somos capaces de controlar algo por nosotros mismos. Así ven los niños el proceso de dejar los pañales: como un espacio de poder. Es comprensible entonces que sus emociones sean volcadas hacia esta nueva experiencia, utilizando la retención de heces u orina para expresar rechazo ante, por ejemplo, la insistencia de los padres a que aprendan algo nuevo. Este logro de autonomía es el primero que excluye a los papás del mundo de los hijos, ya que desde su posición no tienen la habilidad de forzar o apurar las cosas. “Los niños en esta etapa comienzan a darse cuenta de su individualidad y buscan poner sus limites a prueba”, comenta la psicoterapéutica familiar Silvia Ochoa. Por otro lado, el hecho de que los más chiquitos retengan la orina puede ser síntoma de miedos nocturnos, porque la oscuridad y la soledad los inhibe. La psicóloga infantil Janet Oliveros, directora del Instituto Peruano de Psicoterapia, afirma que el carácter de los padres se refleja también en este acto: “si son autoritarios, el temor frente a la crítica y al castigo serán expresados mediante la retención, al igual que si son sobreprotectores, ya que la inseguridad genera dependencia y los niños querrán ir al baño solo si sus padres están presentes”. Ochoa sugiere que los padres no ingresen al juego de poder y que mantengan una observación cómplice de manera que inspiren tranquilidad en los pequeños. Recuerde que el niño ve como una figura de confianza y ejemplo, cosa que no tiene porque cambiar.

 


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